Al llegar fin de año, las tres grandes cadenas de televisión abierta KBS, MBC y SBS lanzan al unísono sus tradicionales 'premios de entretenimiento'. Sin embargo, el centro de la conversación se ha ido mudando fuera de la TV. En este contexto, la ceremonia de premios que presenta el canal de YouTube DdeunDdeun, los 'Pinggyego Awards', está dejando de ser solo los "premios de entretenimiento versión YouTube" para convertirse en un nuevo ritual de fin de año que enciende pasiones. ¿Por qué una ceremonia sin escenarios gigantes ni decorados ostentosos despierta tantas ovaciones?
El 21 de diciembre se publicó la '3.ª edición de los Pinggyego Awards' y, pese a sus dos horas y media de duración, acumuló 3.42 millones de reproducciones en apenas un día, confirmando su furor. Este año la gala generó momentos de conversación por montones: el gran premio para Ji Seok-jin, la actuación en vivo de WOODZ y las performances de Hwasa y Yoon Kyung-ho, entre otros.
Lo más sorprendente es el poder de fuego del contenido. La '1.ª edición de los Pinggyego Awards', estrenada en 2023, superó los 12.8 millones de vistas a pesar de durar más de dos horas y dejó claro que venía un fenómeno. La '2.ª edición', publicada el año pasado, reunió a un sinfín de estrellas que habían pasado por Pinggyego durante el año y, aun con 2 horas y 17 minutos de duración, alcanzó 9.77 millones de visualizaciones. ¿Qué elementos están guiando la elección del público?
Primero, el poder del espectador no opera como un simple 'voto', sino como una 'experiencia compartida'. Los Pinggyego Awards ponen en primer plano la votación de sus miembros (suscriptores). De hecho, aunque mantienen una estructura de premios clásica —gran premio, mejor programa, mejor artista, excelencia y revelación—, anunciaron que el gran premio, el premio a mejor programa y el premio a estrella popular se deciden con el 100% de los votos, reforzando la sensación de "el premio que yo elijo". En cambio, en los premios de las cadenas de TV abierta, aunque se habiliten mecanismos de participación, persiste la idea de que al final son "galardones repartidos por la emisora". Para el espectador, el resultado suele parecer más el producto de "circunstancias internas que desconozco" que el reflejo de su propia elección.
En segundo lugar, resulta mucho más fascinante la 'recuperación de la narrativa' que la entrega de trofeos en sí. Los Pinggyego Awards reúnen en un mismo lugar los episodios, relaciones, bromas y memes acumulados durante el año, y en vez de quedarse en una complicidad cerrada de "solo se ríen los que saben", lo expanden al lenguaje compartido del fandom. El premio a mejor programa te invita a revisitar ese episodio y el gran premio te hace repasar la historia de esa persona. Además, reglas como el periodo de contabilización de candidatos se presentan con claridad, aumentando la legitimidad del 'balance de fin de año'. Las cadenas, por su parte, también muestran highlights, pero la fragmentación entre programas es tan grande que se vuelve difícil que un solo canal represente de manera íntegra la 'narrativa anual del entretenimiento'.
También cambia el diseño del 'longform': puede ser largo sin ser aburrido. Hoy la audiencia no rechaza lo largo, sino lo largo con poca densidad. Aunque los Pinggyego Awards tienen una duración extensa, casi no hay tiempos muertos de espera, traslados o puentes publicitarios propios de la TV, y el ritmo de las charlas está optimizado para YouTube. No es casual que, apenas se publican, se citen como ejemplo de que "el formato largo también funciona". En cambio, en los premios televisivos, entre anuncios, actuaciones de felicitación, reacciones y reparto de minutos, es fácil que se conviertan en programas para "ver saltando partes".
Además, más que 'equidad', demuestran algo crucial: 'razonabilidad'. En los premios de TV abierta, cada vez que los galardones se subdividen en exceso o los criterios lucen difusos, vuelve la polémica del "reparto". No son pocas las veces que, en medio de ratings bajos, se señala el "desmenuzamiento" de categorías. En contraste, los Pinggyego Awards explican con relativa transparencia los criterios de candidatura —como la votación de miembros y el número de apariciones—, generando confianza: "al menos, las reglas se ven".
Por último, mientras la TV celebra 'el entretenimiento del año', Pinggyego celebra 'nuestro tiempo'. Si los premios de las cadenas son eventos de industria, los Pinggyego Awards se parecen más a una fiesta de comunidad. Desde llamar "miembros" a sus suscriptores, convoca al público no como espectadores sino como parte del equipo. Por eso la gente entra menos a verificar la autoridad del premio y más a revivir "el año que compartimos". Y ahí nace el fervor.
En definitiva, no es que el público le dé la espalda a la 'TV abierta' per se, sino a la actitud de sus galas que aún quieren persuadir a la audiencia de la era YouTube con la gramática de la era televisiva. La respuesta que muestran los Pinggyego Awards es sencilla: explicar criterios, cerrar narrativas y tratar al espectador como miembro. Si los premios televisivos quieren volver a ser elegidos, más que el tamaño del escenario, deben acordar de nuevo con la audiencia "por qué este premio era necesario, aquí y ahora".