El comediante Heo Kyung-hwan confesó con total honestidad cómo llegó a cargar con una deuda que ascendió a unos 3,000 millones de wones. Detrás de las carcajadas, quedó al descubierto su apuesta empresarial, el golpe de la caída y la decisión de asumir la responsabilidad, una historia que dejó una huella profunda en la audiencia.
En la emisión del último día del año de la variedad de tvN You Quiz on the Block, Heo repasó con calma desde el origen de su negocio de pechuga de pollo hasta el momento en que sufrió una estafa. Él mismo resumió aquel inicio como "más que soñar con el éxito, fue un manotazo instintivo por sobrevivir".
Por entonces, Heo vivía una agenda ajetreada gracias a programas como Gag Concert. "Después de hacer ejercicio, mientras hervía pechuga de pollo, me cruzó por la cabeza: 'Puede que no pueda hacer comedia toda la vida'", recordó. "Mientras mis colegas construían su base paso a paso, yo me sostenía en frases de moda. Me preguntaba con qué iba a vivir de aquí en adelante".
En ese momento, la pechuga de pollo se convirtió en su horizonte. "En aquel entonces no había tantas marcas. Si comenzaba, calculaba que podía meterme entre los cinco o seis primeros", explicó. "La dieta es una demanda que dura toda la vida". Recorrió fábricas para desarrollar sabores y, incluso, realizó pruebas a ciegas con decenas de colegas comediantes. Su dedicación rindió frutos: levantó una marca con ventas anuales del orden de los 30,000 millones de wones y se consolidó como director ejecutivo.
Pero el camino que parecía llano se quebró con la traición de un socio. "Por estar en la televisión pensé: 'Seguro lo harán bien por su cuenta', y ese fue mi mayor error", admitió. "Debí haber estado encima de todo; en ese lapso, mi socio tomó otra ruta".
Un día, en medio de una reunión de golf entre comediantes, recibió una llamada de la empresa y corrió a la oficina. Allí lo esperaban representantes de la fábrica que no habían recibido el pago. "Fui retirando dinero del banco poco a poco y se los entregaba en mano, prometiendo que encontraría una solución", recordó. "Como figura pública, les aseguré que no me iba a escapar". Así, cargó con una deuda que rondó los 3,000 millones de wones.
Resultó que uno de los socios desapareció con los fondos que debían transferirse a la fábrica, y toda la responsabilidad recayó sobre Heo. "Al final, yo era el representante y la responsabilidad de la elección era mía", señaló, y reveló que, durante años, trabajó sin descanso hasta saldar cada won.
Yoo Jae-suk, que escuchaba la historia, lo valoró: "Creo que las cosas buenas volvieron a tu vida porque asumiste la responsabilidad hasta el final". Heo cerró con su humor habitual: "Desde que me pasó esto, les digo en broma a los demás: 'Nunca acepten ser un presidente de paja'".
La confesión de Heo Kyung-hwan, curtida por el éxito y el fracaso, mostró que más allá de los resultados, la forma de pararse ante la responsabilidad puede transformar a una persona, despertando una profunda empatía.