Han pasado ya 12 años desde la tragedia del 16 de abril del ferry Sewol.
Hasta hoy, esta tragedia sigue siendo una herida imborrable en el corazón de muchas personas. En la gran pantalla, se han seguido estrenando obras que revisitan los recuerdos de aquel día. Entre ellas, volvemos a mirar dos películas que abrazan el dolor de la pérdida, cada una con su propia profundidad y mirada.
La primera es Birthday (2019), una película que retrata con realismo y templanza la rutina vacía de la familia que quedó atrás. Narra la historia del padre Jeong-il (Sol Kyung-gu) y la madre Soon-nam (Jeon Do-yeon), quienes perdieron a su hijo Su-ho (Yoon Chan-young) en el desastre del Sewol, y de su hija menor Ye-sol (Kim Bo-min).
Jeong-il, que trabajaba en el extranjero durante el accidente y no pudo estar a su lado, intenta organizar junto a los vecinos un encuentro significativo a medida que se acerca el cumpleaños de Su-ho. Pero Soon-nam, aunque aparenta entereza, está atrapada en un dolor tan profundo que depende de medicación psiquiátrica; y Ye-sol vive con un trauma intenso hacia el agua y el mar que se llevaron a su hermano. En lugar de ofrecer consuelos apresurados, la película ilumina el proceso de resistir el duelo con silencio y a su manera. Y cuando por fin llega el cumpleaños de Su-ho, la escena en la que familia y vecinos se reúnen para sostenerse y hacer comunidad ofrece al público un consuelo que oprime el pecho y una resonancia profunda.
La segunda obra nos lleva a un tiempo previo a la tragedia y dibuja el día cristalino y hermoso de unos chicos: se trata de The Dream Songs. En vez de representar directamente el desastre del Sewol, la película sigue la vida como de sueño de dos estudiantes de preparatoria, Semi (Park Hye-soo) y Haeun (Kim Si-eun), en vísperas de su viaje escolar.
La imagen de estas dos chicas, que atraviesan un día sencillo y tierno mientras guardan sentimientos que desean confesarse, contrasta de forma paradójica con la tragedia que se avecina y hace que la tristeza se intensifique. Los símbolos y metáforas, colocados con sutileza a lo largo del filme, evocan los recuerdos de aquel día con una quietud que golpea.
Ahora, en este 12.º aniversario, el mensaje que nos dejan estas dos películas es claro: el anhelo profundo de que aquella tragedia no se repita jamás, y la convicción de que, aunque el tiempo pase, debemos seguir recordándola y hablándola en voz alta.